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Resumen

La televisión generalista e industrial es un viaje al pasado, al vacío de sentido y al aburrimiento por su conservadurismo moral, su pereza creativa, su ausencia de pensamiento y su pobre modo de entender el entretenimiento. Pero el monopolio televisivo de la pantalla pública se acabó, pues ahora todo ciudadano puede ser un productor, narrador audiovisual y tener pantalla. Así aparecen nuevas televisiones y otras pantallas que se atreven a contar distinto: un periodismo más subjetivo, testimonial y pensado desde las imágenes; una telenovela hiperrealista que se atreve a intervenir el melodrama desde la comedia, el documental y las culturas locales; unos medios de abajo y con la gente que se hacen para romper con la homogeneidad temática y política de las máquinas mediática, del mercado y del desarrollo. En este ensayo se argumenta a favor de la televisión como lugar de expresión de identidades inestables, experimentos narrativos y posibilidades inéditas para la creación audiovisual solo si «toma la forma» de mujer, de lo indígena, afro, medio ambiental, otras sexualidades y juega en nuevas pantallas como Youtube, lo comunitario y el celular. Lo más urgente es que la televisión pase de la obsesión por los contenidos a las exploraciones estéticas y narrativas desde las identidades otras y en narrativas más «colaboractivas» porque existe la posibilidad de ser los relatos que queremos ser.

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Creación audiovisualCulturas localesNarrativas televisivasOmar Rincón

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